Chocolate, segunda bebida tradicional de Tenango del Valle

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20 de marzo de 2018
Borrachita de tequila, llevo siempre el alma mía
para ver si se mejora de esta cruel melancolía
Como buena mexicana sufriré el dolor tranquila
al fin y al cabo mañana tendré un trago de tequila

No, no es tequila. Es una combinación de vodka, rompope y la “receta secreta”, esa que por más de tres décadas don David Palma ha guardado celosamente y que le mereció ser nombrada la segunda bebida tradicional de Tenango del Valle, después de las típicas “piñas”.

Se llama “Chocolate” y es oriunda de Jajalpa, poblado localizado a escasos minutos de la cabecera municipal, donde sus habitantes se dedican principalmente a las actividades del campo, Sus lomas, hoy amarillentas por falta de agua y porque aún no empieza la siembra de maíz, son un paisaje sin igual en los meses de junio.

Y tras ellas, en pleno centro de Jajalpa está la cantina “Palma”, un local que hace más de 100 años era tienda donde se vendían tragos de licor y había una sinfonola.

La mamá de Don David era la encargada de preparar un brebaje con hierbas que era muy popular entre las mujeres que recién habían dado a luz. La tradición del pueblo es que, así como había baños de hierbas tras el alumbramiento, una copa de éstas era para volver a “calentar” a la mujer.

Estoy en el rincón de una cantina
oyendo una canción que yo pedí.
Me están sirviendo ahorita mi tequila.
Ya va mi pensamiento rumbo a ti.

La cantina “Palma” recibe de todo: vecinos del pueblo, de municipios cercanos, canadienses, alemanes, estadounidenses, políticos, todos movidos por el propósito de probar el “Chocolate”, bebida que nació hace 30 años y que no fue bautizada por Don David, ni por su esposa Lourdes -a quien se le atribuye haberla perfeccionado-. El nombre es autoría de un amigo que les visitaba, con extrañas peticiones para tomar.

“Nos han querido copiar pero no han podido”, dice Don David sentado en una de las sillas de la cantina remodelada. Al otro lado hay otro local que mantiene un mostrador de casi un siglo de vida y que curiosamente es más concurrido por quien va a tomar un “torito” o un “café” o un “pistache”, que también son invenciones de la casa.

Al establecimiento “nuevo” entran por igual mujeres y hombres. En él hay muestras de la idolatría a Pedro Infante quien, desde una amplia imagen colgada en una pared, monta una motocicleta de cuando actuó como agente de tránsito en una de sus tantas películas; más atrás, apenas a la vista, se aprecia otra con su encantador rostro y ojos pícaros.

“Vendemos barata la bebida, a nuestra gente apenas le alcanza para vivir y si subimos los precios, pues, tienen a donde irse porque hay cinco cantinas más, pero no encuentran lo que nosotros les damos”, dice Don David mientras sostiene en las manos una botella de “Chocolate” que viajó a sitios como Texas en donde a un residente no le hizo ni cosquillas pese a que iba con el grado más alto de alcohol, según platica a manera de anécdota.

Con el alma herida por un mal cariño
Que sin condiciones le entregué mi amor
Llevo ya dos días en esta cantina
Dos días, encerrado tomando licor.
Un mariachi toca, yo sigo tomando
Y vuelvo a pedirles la misma canción

“Los cantineros no son cantineros, quien sabe hacerlo es la gente”, es la filosofía de Don David, quien se quita el crédito de las “invenciones” originadas en su cantina. “No es gran ciencia, pero es la gente la que nos va enseñando. Nos dice: ponle un poco más de esto, quítale de aquello. ¡Ahora sí quedó bueno!”

Su negocio ha valido buenos y malos comentarios; ha estado en riesgo de ser cerrado pese a tener todo en orden.

A Don David le tocó estar también en un cargo público, lidiar con políticos que pretendieron hacer valer su poder cuando era parte de la directiva de bienes comunales.

Hoy en día siembra maíz y algunas legumbres. “Me dedico más al campo, mi esposa es la que está prácticamente al frente de la cantina junto con mis hijos. Mientras la gente siga pidiendo su chocolate, se los vamos a seguir vendiendo”, dice mientras Pepe “El Toro”, La Chorreada, La Tostada y La Guayaba observan todo desde un gran póster .

CDC

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