¿Eres víctima o victimario en tu relación de pareja?

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La forma en que mujeres y hombres concebimos el amor determina la manera en que nos relacionamos con nuestra pareja, lo que a su vez influye en las posibilidades de generar condiciones de violencia, ya que social y culturalmente se programa a los hombres para ser rudos, fuertes, decididos, agresivos y manifestar coraje, mientras que a las mujeres para ser sumisas y dependientes de ellos.

Susana Munguía Fernández, especialista de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM) en temas de género, violencia y políticas públicas, afirmó que el desequilibrio de poder hace viable la violencia, que en las relaciones de noviazgo se concibe como cualquier intento por controlar o dominar a una persona, ya sea física, sexual, económica, patrimonial o psicológicamente, generándole algún tipo de daño.

“La confianza, el amor, la libertad y la honestidad, que supuestamente deberían prevalecer en una pareja, son los elementos que hacen diferente esta clase de violencia respecto a la que se presenta en otro tipo de relación. En contraparte, el intercambio de sentimientos y emociones bien puede culminar en un noviazgo sólido y saludable”.

No obstante, reiteró que los factores socioculturales son los que han influido en gran medida en este fenómeno, alentado en parte por los “micromachismos”, entendidos como actitudes de dominación “suaves” o de “bajísima intensidad”; formas y modos negados de abuso e imposición en la vida cotidiana. Son un hábil arte de dominio, comportamientos sutiles o insidiosos, reiterativos y casi invisibles que ejecutan los varones.

Mediante los micromachismos encubiertos, abusan de la confianza y credibilidad femenina, ocultando su objetivo; ejemplo de ellos son la falta de intimidad, silencio, malhumor manipulativo, engaños, mentiras, actitudes seudonegociadoras, comunicación defensiva-ofensiva, auto indulgencia, auto justificación y olvidos selectivos, explicó Munguía Fernández.

Tipos de violencia

Los más comunes en este tipo de relación, son los siguientes: Violencia psicológica, que consiste en cualquier acto u omisión que dañe la estabilidad psicológica; puede consistir en negligencia, abandono, descuido reiterado, celotipia, insultos, humillación, devaluación, marginación, indiferencia, infidelidad, comparaciones, rechazo, restricción a la autodeterminación y amenazas. Todo ello, detalló, conlleva a la víctima a la depresión, al aislamiento, a  la devaluación de su autoestima y en ocasiones al suicidio.

La física es cualquier acto que inflige daño no accidental, usando la fuerza física o algún tipo de arma u objeto que pueda provocar o no lesiones, ya sean internas, externas o ambas. La económica es toda acción u omisión del agresor que afecta la supervivencia económica de la víctima; se manifiesta por limitaciones encaminadas a controlar el ingreso de sus percepciones, así como la percepción de un salario menor por igual trabajo dentro de un mismo centro laboral.

Otro tipo es la patrimonial, consistente en cualquier acto u omisión que afecta la supervivencia de la víctima; se manifiesta en la transformación, sustracción, destrucción, retención o distracción de objetos, documentos personales, bienes, valores, derechos patrimoniales o recursos económicos, destinados a satisfacer sus necesidades; puede abarcar los daños a los bienes comunes o propios de la víctima.

Una más es la sexual, referida a cualquier acto que degrada o daña el cuerpo y/o la sexualidad de la víctima y que por tanto atenta contra su libertad, dignidad e integridad física. Es una expresión de abuso de poder que implica la supremacía masculina sobre la mujer al denigrarla y concebirla como objeto.

En este contexto, la integrante de la Coordinación Institucional de Equidad de Género de la UAEM invitó a preguntarse si lo que vale para uno vale también para el otro integrante de la pareja y si la respuesta es no, es necesario aceptar que se está viviendo una relación de abuso que en México arrojó los siguientes resultados.

Las cifras

La Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) 2016 indicó que la relación donde ocurre con mayor frecuencia la violencia contra las mujeres es en pareja y, por  ende, el principal agresor es o ha sido el esposo, pareja o novio. El 43.9% de ellas han sido agredidas por éstos en algún momento de su vida marital, de convivencia o noviazgo.

En términos generales, de los 46.5 millones de mujeres de 15 años y más que residen en el país, se estima que 30.7 millones (66.1%) han padecido al menos un incidente de violencia emocional, económica, física, sexual o discriminación en los espacios escolar, laboral, comunitario, familiar o en su relación de pareja.

El Estado de México figura entre las entidades con los niveles más altos, junto con la Ciudad de México, Jalisco, Aguascalientes y Querétaro.

La gravedad de este delito se refleja en la integridad emocional y física de las mujeres, pues 8.0% de ellas ha pensado en suicidarse y 3.4% lo ha intentado; particularmente en el caso de quienes han sido sujetas a violencia sexual; una cuarta parte ha pensado en quitarse la vida y 14.1% lo ha intentado.

De las que fueron víctimas de agresiones físicas y/o sexuales por parte de su actual o última pareja, esposo o novio, el 20.0% solicitó apoyo, denunció o emprendió ambas acciones, reportó la ENDIREH 2016.

Para el 64.3% la violencia física y/o sexual ejercida por su pareja, le ha generado consecuencias emocionales, principalmente de tristeza o depresión; a la mitad angustia o miedo y para un tercio de ellas problemas alimenticios.

Por último, la especialista sostuvo que aun cuando estas cifras se refieren a la mujer, la desigualdad está en juego, ya sea del hombre hacia ella o viceversa; admitió que un tema pendiente es  reconocer la violencia que se ejerce hacia los hombres, la cual se minimiza ante el mayor daño que tradicionalmente y hasta la fecha las mujeres vienen sufriendo.

CDC

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