De política y políticos

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Desde el año pasado decidí jubilarme de temas políticos, sobre todo político-electorales, por cansancio, aburrimiento y desánimo, como mucha gente en este país. Además yo tengo muy claro por quién y quiénes voy a votar este 2018, así que elegí mantenerme al margen de discusiones o conversaciones personales o por las redes sociales. Al margen sobre todo de las campañas presidenciales y la basura mediática.

Sin embargo, estos temas no se pueden dejar de escuchar en la familia o con grupos de amigos, y es difícil callarse porque ¡se oye cada cosa! Aspectos muy tontos, sin análisis alguno, por miedo o inercia, por lo que captan en la radio, televisión, internet, creo que pocos leen los periódicos o siguen a los analistas políticos. Es de oídas, del anecdotario, de los comerciales entre las telenovelas o el fútbol… Es casi mortal para mí, qué fastidio. Siquiera supieran o supiéramos algo de la historia nacional…

Una charla muy curiosa, vigente desde la época de mi padre, cuando las elecciones giraban en torno a López Portillo, es que gane quien gane y, a fin de cuentas, los mexicanos siempre “salimos adelante”, que siempre encontramos  la manera y sí, lo hemos vivido en carne propia; pero… ¿qué mexicanos?, ¿los que discuten de política alrededor de la mesa de un café o en un domingo familiar?, ¿quiénes desde la academia investigan y proponen políticas públicas para cambiar la situación de un México desportillado y deteriorado?, ¿los estudiantes universitarios que aún no saben qué es ganarse la vida?

Quizá toda la población de un México sobreviviente salimos adelante y nos hemos acostumbrado, no sin desaliento, a las mentiras y compromisos no cumplidos de quienes en campaña eran unos y en el gobierno, otros, con todas sus redes y complicidades, y no nos queda más remedio que la resignación y la lucha hacia la sobrevivencia.

Quizá… pero una de las cosas más dolorosas es de qué manera subsiste la mayoría de la población en pobreza o pobreza extrema. Ni siquiera alcanzamos –desde nuestros escritorios- a imaginar su cotidianidad.  Podemos visitar sus comunidades y hacer estudios o lo que sea, pero… ¿cuánto tiempo podríamos vivir en esas condiciones?

Muchas veces sin agua, sin luz, viviendas deplorables, escuelas de “apenas”, ¿salud: qué es eso?, ¿recreación o tiempos de ocio: vacaciones?, ¿contratos colectivos de trabajo, sindicatos? Todos son derechos para los mexicanos… ¿para qué mexicanos?

En mi época de Preparatoria (1977-1980) –desde entonces ha llovido mucho y se ha derramado mucha tinta en el tema del que hablo- un determinado grupo de amigos nos considerábamos nihilistas: por las nuevas lecturas, los nuevos aprendizajes, el mundo descubierto en el ahora llamado “nivel medio superior”, en el que se leía mucha literatura y filosofía.

Y sí, creíamos en un cambio de país, por un lado; pero por otro el pesimismo nos llevaba a decir: “esto cambia sólo con una bomba”. Así de radicales. No es lo deseable, por supuesto, pero ¡vaya que México necesita cambiar radicalmente! ¿De qué manera? Lo ignoro. De verdad lo ignoro… pero si los mexicanos sabemos salir solos adelante, si “siempre salimos adelante”… ¿para qué entonces queremos gobernantes?

Nota: como sugerencia podemos leer México, un pueblo en la historia, una colección de 8 tomos, coordinada por Enrique Semo. Nos ilustrará. Aunque seguimos siendo privilegiados quienes podamos tener acceso a ellos.

CDC

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