Elecciones 2018 ¿El futuro sin mañana?

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Por Elideth C. González

“Jóvenes, el futuro está en sus manos” es una frase atemporal que seguramente pertenece a la larga lista de discursos políticos. Sin embargo, hoy esas palabras adquieren un significado casi literal, ya que el treinta por ciento del padrón electoral está conformado por menores de 30 años. Frente a esta situación, es justo hacernos al menos dos preguntas: ¿Qué opciones de futuro tenemos en las manos? y ¿En qué estado físico se encuentran esas manos donde se deposita el futuro cuando existen jóvenes viviendo en la calle, en extrema pobreza, sin acceso a la educación o discriminados por su condición de indígenas?

Comprendo que las respuestas a estas preguntas no pueden ser simples, pero también entiendo el valor de realizar un esfuerzo por contestarlas, pues como parte de ese 30% de jóvenes siento la responsabilidad de ir a votar para fortalecer nuestra incipiente democracia -aunque la ciudadanía no se limita a tachar una boleta-. Además, como mujer, siento el compromiso de ejercer el derecho que hoy tengo gracias al esfuerzo de miles de mujeres que me antecedieron.

Este primero de julio, por primera vez, acudiré a una urna a votar por quien encabezará al Poder Ejecutivo Federal por los próximos seis años. Hoy creo comprender lo que significó Fox en su momento: transición como sinónimo de esperanza, pues veo un México con la ilusión de comenzar una nueva era en la vida política; veo que para muchos el hartazgo se convierte en una narrativa hacia la construcción de un país mejor. Veo en el “imaginemos cosas chingonas” del Chicharito a un México apasionado por un equipo de futbol; queremos creer y soñar en vez de razonar y decidir.

También hoy veo con tristeza tanta certidumbre respecto al virtual ganador y tan poca sobre el futuro; veo con dolor que exista la creencia de que instituciones como la democracia se mantienen con fe; veo con preocupación que la inercia estructural rompa los sueños de los mexicanos…

Formo parte de una generación que ha sido juzgada como apática, desinteresada de la vida política; una generación que en México sólo ha sido aplaudida por su capacidad de organizarse para ayudar a las víctimas del terremoto del 19 de septiembre. Formo parte de una generación más competente y peor pagada, que si mira al futuro no puede ver nada. Formo parte de una generación cuya pubertad y adolescencia se vivió entre la guerra contra el narcotráfico.

Formo parte de la generación que es la principal víctima de asesinatos y que construirá el futuro; pero hoy, además de estar excluida del proceso de toma de decisiones dentro de los partidos políticos, no encuentra voz en ninguna política pública propuesta por los candidatos a la Presidencia, pese a que en 2020 se tendrá el mayor número de jóvenes de la historia de México.

Estamos a la deriva: ningún candidato ha podido ponernos algo en las manos; ofrecen -en general- soluciones miopes a problemas complejos, tratando de entendernos como una masa homogénea. Nos dejan con las manos vacías, mientras su indiferencia sólo acrecienta las llagas que hay en ellas, porque no somos los jóvenes de Tlatelolco, pero nos faltan 43 normalistas, cientos de periodistas, miles de mujeres. Somos a quienes nos dicen que todo es culpa del crimen organizado para justificar su falta de actuación; somos quienes no encuentran opciones para proteger a grupos vulnerables como la comunidad LGBTI.

Este primero de julio iré a votar tras leer las propuestas de los cuatro candidatos y de ver los debates, pero votaré sin convicción, sin sentir que alguno representa mis intereses. Cierto, todos queremos construir un México mejor, pero definitivamente no basta con un sexenio; los candidatos y la ciudadanía debemos estar conscientes de la necesidad de un plan nacional a largo plazo; para eso no necesitamos un Porfirio Díaz, sino madurez política para reconocer los (des)aciertos de quienes nos anteceden y trabajar sobre ellos. El crecimiento del país no puede pensarse en términos de partidos o de candidatos.

Muchos ven al primero de julio como una puerta para acceder a nuevo horizontes, yo veo la necesidad de abrir más puertas y consolidar una ciudadanía activa. Es necesario que como jóvenes exijamos puestos de participación porque si alguien nos va a decir que este es el país que nos tocó, sólo podemos responderle que este es el país que vamos a cambiar. Comparto la desilusión que generaron los gobiernos panistas y no quiero que en caso de ganar el candidato puntero, la transición democrática se consolide como un ciclo de rotación partidista sin efectos de renovación y critica; como ciudadanía no podemos permitir que la premisa “gobernar es decepcionar” siga vigente.

Si bien el PRI se ha autodestruido, el PRD se ha dejado perder, el PAN se ha fragmentado y MORENA no limita el ingreso a sus filas a quien sea, independientemente de su historial, lo cierto es que si no queremos continuar en este sistema, es imprescindible que los jóvenes y la sociedad en general presionen a estas instituciones para que nos ofrezcan propuestas coherentes y viables.

 

 

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