Mujeres

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En estos días el tema de la mujer, su inclusión y valoración en la sociedad fue uno de los más recurrentes; hablamos de equidad de género, de la no violencia contra ella y de su inclusión en el campo de la política, entre otros aspectos. Si bien se han conseguido varios avances en cuanto a sus derechos, aún falta mucho camino por recorrer.

He tenido la oportunidad de conocer muchas mujeres valiosas, aquellas que se desarrollan en el campo de la investigación, la política, los negocios, la comunicación; todas se destacan no solo por su trabajo, sino por ir más allá de valores pre establecidos y prejuicios impuestos por una sociedad que hasta la fecha sigue siendo machista. De su parte es de quien menos escucho chistes misóginos o referencias a los supuestos defectos de sus pares, lo cual agradezco, pues por un lado nos quejamos de nuestras condiciones y, por el otro, muchas veces somos quienes fomentamos los comportamientos que nos violentan.  

Y es que a veces no comprendemos que equidad no es lo mismo que igualdad y que no tenemos ninguna necesidad de competir con los hombres. Para mí esta lucha es por el respeto, por la oportunidad de que se reconozca, que se valore nuestro trabajo, al igual que nuestro esfuerzo. Su éxito puede o no estar dentro de su hogar, ya que, en la lucha por sus derechos se ha minimizado el hecho de que en la mayoría de casos son ellas quienes tienen la responsabilidad de ser el pilar de una familia.

Tal condición no tiene que ver con que haga una aportación económica al hogar, ya que por sus condiciones biológicas es quien lleva por nueve meses al hijo en su vientre; es quien tiene la capacidad de amamantar y, sin menospreciar a los hombres que fungen como padres solteros, en la mayoría de casos son quienes, si no existe una pareja, tienen toda la responsabilidad de crianza de los hijos, incluyendo la parte económica.

Una mujer tiene la sensibilidad de recordar cumpleaños, fechas de aniversarios, juntas escolares y, todo aquello relacionado con la administración de un hogar; aunque se parece mucho, es muy distinto que administrar un negocio. En la actualidad empezamos a dejar de valorar a quienes se dedican exclusivamente al hogar, como si no valiera mantener limpia una casa, preparar alimentos, tener un “hogar” al que llegar.

Como profesionista que se desarrolla en el ramo de la construcción, en que muchas veces soy la única mujer en una reunión con más de 20 personas, no dejo de estar consciente sobre cuán difícil puede ser aún profesional en un mundo dominado mayormente por hombres; sobre que es muy triste que muchas mujeres traten de buscar ser valoradas mediante una profesión que quizás ni siquiera les guste; que debe ser valorada simplemente por ser y desarrollarse en lo que la haga sentir satisfecha, ya sea un trabajo, como madre responsable de una casa o con un rol compartido de pareja, en donde tanto ella como el hombre participan en la educación de los hijos, el trabajo remunerado y las labores del hogar.

Por supuesto que como sociedad se debe de seguir luchando para lograr la equidad entre hombres y mujeres, pero sin perder de vista que no es una lucha para ser iguales, sino para valorarnos y ser valoradas en todo lo que somos como mujeres y en todo aquello que podemos lograr.

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