Ni me voy a calmar, ni me digas amor

 -  -  3245


Si eres mujer no es necesario que te esfuerces por recordar aquella vez que caminaste sola por la calle y te miraron de forma lasciva o, esa otra en la que un desconocido te gritó o cuando te sentiste vulnerable frente al camino que tenías que recorrer. No, no es necesario que te esfuerces, porque ser mujer parece una condena inminente a que, si sales cualquier día y en cualquier hora, eso y más te puede pasar.

En días recientes han salido a la luz diferentes testimonios de mujeres que fueron víctimas de intentos de secuestro en diferentes estaciones del metro de la Ciudad de México. Sin embargo, debemos destacar que -así como el delito de feminicidio es un acto de extrema violencia contra las mujeres-, la modalidad de secuestro que se está denunciando, constituye también una agresión directa hacia dicho grupo y utiliza un recurso fundamental del sistema patriarcal: la normalización de la violencia contra la mujer, pues consiste en que el secuestrador finge tener una relación amorosa con la víctima y ante la resistencia de ésta por ir con él, el secuestrador le dice “¡cálmate, mi amor!”.

Dicha frase ha servido para referirse a este tipo de actos en que, para tranquilidad de los espectadores, él añade: “sólo es un berrinche”. Porque ¡claro!, cada que una mujer alza la voz, es para hacer un drama por algo insignificante.

Frente al trágico panorama que nos ofrecen los testimonios, han surgido diferentes reacciones, pero algo destacado son los “tips para evitar ser secuestrada o cómo actuar si eres testigo” que se han difundido en redes sociales; este hecho es en realidad no menos  lamentable que lo acontecido, porque nuevamente vemos cómo la responsabilidad de estar a salvo recae en las víctimas, pues a pesar de tomar medidas como usar sudaderas sin importar el clima, cargar un par de zapatos cómodos por si necesita huir de alguien o ponerse pantalón debajo del vestido cuando use el trasporte, siempre somos las mujeres quienes provocamos a los hombres, “porque nos vestimos de forma indecente, andamos solas o sonreímos demasiado”. Los hombres son víctimas de la tentación que significa una mujer y se ven obligados a gritarnos piropos, tocarnos sin consentimiento, violarnos, secuestrarnos y matarnos.

Por su parte, el 1 de febrero, la jefa de gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum Pardo anunció las medidas que tomará su administración para garantizar seguridad a las mujeres que utilizan este medio de transporte, entre ellas desplegar cinco células de atención a la mujer, dirigidas por personal de la Procuraduría General de Justicia (PGJ) con capacitación en perspectiva de género y derechos humanos; también la habilitación del número telefónico 55335533 del Consejo Ciudadano, para levantar denuncias relacionadas con violencia de género.

Asimismo propone medidas tan básicas cuya implementación hasta hoy parece absurda, como incrementar la iluminación y reforzar la vigilancia dentro y fuera de las estaciones del metro, especialmente aquellas con el mayor índice de denuncias, cuando de manera ordinaria ambas condiciones son necesarias para garantizar un umbral mínimo de seguridad a la sociedad. De igual forma, la funcionaria anunció que la PGJ revisará las carpetas de investigación mal clasificadas para identificar con claridad el delito; este hecho pone en duda la calidad con la que esta instancia realiza sus labores.

Sin embargo, más allá de las críticas que dichas ideas pueden generar, lo importante es que realmente propicien un entorno seguro para los usuarios de este medio de transporte, especialmente niñas y mujeres, ya que es una obligación del gobierno garantizar que el espacio público sea apto para el ejercicio de nuestras libertades; pues las mujeres no vamos a dejar de salir después de las 10 como lo llegó a proponer la diputada Ana Miriam Ferráez para estar a salvo, porque -de hecho- permanecer en casa tampoco nos mantiene seguras, ya que la familia es el primer lugar donde se normaliza la violencia contra nosotras. Así como es fácil entender que nadie va por la calle suplicando ser asaltado, las mujeres no salimos rogando que nos maten; las víctimas no son responsables de los delitos, las mujeres no somos responsables de que nos violenten; nosotras no los provocamos, nos golpean. No lo buscamos, nos violan; no aparecemos muertas, nos asesinan. Pero seguimos de pie por las que no faltan y para que ninguna nos falte, porque la calle es nuestra, la noche, el día… la vida es nuestra. ¡Nadie nos va a callar!

3 recomendaciones
comments icon 0 comentarios
0 notas
245 vistos
bookmark icon

Escribe un comentario...

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *